miércoles, 20 de mayo de 2026

738_ by me texto, imagen IA a partir del texto



Era un día oscuro, donde en una dura noche de antaño llena de tormenta y rayos. Todo el mundo se guardaba en su casa con una vela posada en la mesilla de sus camas. Quizá abrazando también el viento, susurraban los pájaros y cantaban, y fuera todo era oscuridad que atraía el miedo y la trajedia, las velas sutiles y delicadas alumbraban, pero en una pequeña cabaña aislada del mundo, un hombre y una mujer descansando en el lecho y totalmente aislados del mundo externo, alrededor, consistente la misma noche aterradora, casi abandonados. Todo era tormenta y caos pero en contraste, dentro de aquella lejana y aislada cabaña a la intemperie de la suerte de cada noche, reinaban las caricias. Él le decía a ella y ella le decía a él, entre los dos acordaban, tengo que confesar que no soy nada directo, nunca en lo que escribo, quizás y más en lo que hago, por eso escribo hoy. Y por eso se suele malinterpretar todo, pero retomando; también de sus lechos aislados de un bosque, existía algo asombroso y de ensueño. Existían las caricias rozando el cabello, la nariz, los ojos... jugando como niños, acariciandose detrás de la oreja, y con los dedos sutilmente desaparecen los pendientes, todo delicadamente en un tiempo sublime, lento y libiano. Se acercaban, poco a poco hasta notar sus alientos deseosos, un simple beso como una caricia en esa cabaña, era un sueño de verdad. Reinaba e imperaba por los tiempos de los tiempos, una cosa, un amor platónico que no había roto nunca y cada vez se hacía más bello y férreo, la imaginación en el día a día. Construyendo sus vidas entrelazadas por los más bellos conjuros de magia blanca, vivían apartados en un mundo creado solo para ellos dos, Dulcinea y Hamlet, donde podían evitar cualquier norma o cualquier ley que les pareciera mal. Todo era un mudo solo de y para ellos. Ella le decía y él le decía a ella. El mundo de los sueños se hizo realidad, en una cabaña aislada del mundo, eternamente, hasta que se desvaneció en polvo de estrellas.




by el eterno desconocido



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