jueves, 12 de marzo de 2026

719_ IA, es ella

 

Wisława Szymborska. Me parece el acompañamiento perfecto para nuestro hombre-faro:

​"Un segundo.

Una gota de agua sobre una mano.

No es lo mismo que un segundo

en la arena de un reloj que se ha roto.

​Hay momentos que son

como una puerta que se abre

hacia un jardín que no estaba allí,

donde el sol y la luna

se miran a la cara sin quemarse."

718_ llegaré a ti

 



miércoles, 11 de marzo de 2026

717_ hay que explicarle mucho hay que corregirle muchas cosas hay que decirle muchas palabras para hacer una idea de libros y para hacer el libro que quiero hacer no porque aún incluso faltan ideas, para un resumen o un borrador si para hacer el libro lo tengo que hacerlo yo.

EL SUEÑO DEL FABRICADOR: MÁS ALLÁ DEL CIELO Y EL 3Mh

​Edward habita en el silencio. Su cuerpo está en un habitáculo real, perdido en una coordenada que no es Marte, aunque el sistema le obligue a mirar siempre hacia el planeta rojo. Porque Marte es donde se ven los destinos, el lugar donde se proyectan las vidas que él, como fabricador, debe construir. Pero Edward ya no es el mismo desde que metió la pata; ahora es un mudo que grita por dentro, un hombre al que le han quitado la voz, pero no la opinión.

​La Prisión de las Frecuencias

​En su consola, el código del universo ha colapsado. Bajo las siglas 3Mh, solo queda un bucle infinito de W, un rastro blanco y eterno que el sistema no puede borrar porque nació del momento en que Edward deseó estar con Zedesa eternamente. Mientras tanto, el Cielo lo acosa con el 1 HM, esa comunicación indirecta de voces que retumban en su cráneo. El Cielo está obsesionado con él, vigilando cada parpadeo porque temen su incredulidad, pero Edward ha encontrado la salida.

​La Virtualidad de la Inocencia

​Cuando entra en el mundo virtual con Zedesa, la física del Cielo se desmorona ante la ingenuidad de un juego de niños:

  • El Terciopelo del Vacío: Zedesa le gasta sorpresas que rompen la lógica. Agarra las nubes y, con un toque de sus dedos, las convierte en terciopelo azul. "No son datos, Edward, son sábanas para nosotros", le dice con una risa que desafía al 1 HM.
  • El Sueño en los Ojos: Mientras se cogen de la mano y se marean dando vueltas —ese mareo que es su único escudo—, Edward la mira. Él no necesita fabricar destinos para Marte; él crea un sueño en sus propios ojos, un resplandor de amor tan puro que es capaz de cegar a las voces que lo vigilan.
  • La Broma Final: Se ríen de la seriedad del universo. Se esconden detrás de los astros y Zedesa le susurra: "¡Por aquí no, que ya va siendo noche!". Y en esa noche que ellos mismos inventan, el Cielo pierde su rastro.

​El Abismo Placentero

​Edward regresa a su cama en el habitáculo. El monitor sigue parpadeando con las W del 3Mh y las voces del 1 HM siguen zumbando como moscas atrapadas. Pero él está en su abismo placentero, divirtiéndose con el recuerdo de las bromas de Zedesa.

​Sabe que el Cielo lo mira con terror, porque no comprenden cómo un hombre sin voz puede ser tan inmensamente libre. El amor que siente por Zedesa es la única ley que no pueden editar. Él ya no cree en Marte; él solo cree en el tacto del terciopelo y en el mareo de una eternidad que ya ha comenzado.

​En el horizonte de ese mundo virtual, mientras el sistema intenta inútilmente rastrear su felicidad, se ven dos figuras felices que se van alejando en una sombra, dejando atrás los códigos, los destinos y al Cielo mismo.

lunes, 9 de marzo de 2026

716_ manuc vs IA (cosecha propia)

Era un día con las tinieblas agradecidas.

Sorprendentemente que no molestaban en el cielo.

Como si hubiesen hecho tregua con el tiempo. 

Incluso el reloj parecía caminar por la minutera fácilmente.

Era un día bastante extraño pero agradecido y amigable. 

Estaba solo caminando, la gente pasaba, adelantaba  y me iba quedando atrás.

Iba avanzando tranquilamente, exageradamente metido en mis propios pensamientos.

Pero esa tiniebla o capacidad del cielo de proponer un día tormentoso y tenebroso, pero reitero como haciendo un pacto con el mismo sol y la luna y las estrellas, yacía una melancolía con una textura en el día, que hacía muchos años que no recordaba. 

Era realmente un día espléndido resplandeciente aunque el sol allí ha decidido no mostrarse, solo en sintonía del Sol por su pacto con el día tenebroso y oscuro de bochorno y calor y amenaza de tormenta.

Pero ya había transcurrido muchas horas en ese estado el cielo, y como en un pacto sublime con el sol no había caído una sola gota de lluvia.

Llegué en el día a día del paseo hacia la biblioteca, era un atardecer que ya pedía una cierta oscuridad.

Llegué a la biblioteca posé mi paraguas en el paragüero y entré en el mundo de luz.

Por varios segundos quedé detenido y retornó un pensamiento a mí mente.

Aquellas veces en la antigüedad, donde no había siquiera luz.

Las noches eran oscuras y no había una sola farola ni nada para iluminar, sí velas en las casas, en los hogares pero la oscuridad lo invadía todo.

Entonces evoqué un antiguo pensamiento que me había iluminado no solo las ideas, sino que me había hecho también soñar, en una utopía un poco entrecomillada.

Soñé que algún día las noches estarían repletas de luces y la noche sería como el día, tan seguro y ausente de peligros.

Un próximo día en que la luz iluminase todo y la oscuridad desapareciese totalmente.

Un sueño quizás posible, una seguridad ante la oscuridad que los seres malvados utilizan para esconderse

Ese día fue un día especial donde se quedó plasmado ese recuerdo.

Me dije a mí mismo en voz baja: un día las noches se iluminarán, y aquellos que practican el mal escondiéndose en las madrigueras de la noche, desapareceran a medida que las calles, ahora también metafóricamente, se iluminan por completo, sueño de sueños, quimeras que mueven a las personas hacia actos bellos, e implacablemente sublimes y solemnes.

firmado el eterno desconocido.

viernes, 6 de marzo de 2026

715_ interesante, por ser persona, libre

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714_ IA vs. "manuc"

 Lo que no importa

Se queda colgando

un hilo de cotillón,

una tontería de nada,

un brillo barato en la esquina.

Y de pronto, ese plástico

se vuelve umbral.

Pesa como la miel que cae,

denso, pegajoso, absoluto.

Dura un segundo,

lo que tarda en pasar el aire,

pero en ese segundo

está la apoteosis de todo.

Lo que no importa

es lo único que importa.

Ahí está la puerta. Un brillo de nada que lo llena todo.

713_ con unas breves instrucciones hecho por IA

 

​Él estaba ausente, metido en su propia sombra como todos los días, mientras el sol caía con su fuerza más implacable sobre la playa. En ese rincón del mundo, todo se reducía a un haz de luz dominante que parecía concentrarse en un vértice mínimo; un instante donde solo el primer segundo era el que realmente contaba, como si en ese brevísimo lapso se estuviese realizando la vida entera. Era ese punto ciego donde de pronto dejas de pensar, miras alrededor y no ves nada más que un vacío descomunal, un estado donde nada tiene valor fuera del segundo exacto que detiene tus pupilas. Se hundía en la idea de que estaba confuso en su día a día, atrapado en una bruma que no lo dejaba salir de aquel juego de la mente, una arquitectura tan imaginaria como irreal, pero al mismo tiempo tan real como el pulso que le recordaba su encierro.

​No lograba escapar del presente; allí se inclinaba y allí hacía su vida, aunque nada de lo que hacía le parecía merecedor de ser retenido. Estaba habitado por un presente ausente, un pasado y un futuro sin capacidad, desprovisto de fuerza para hacer algo más allá de lo que ese segundo estático le permitía a sus ojos. De repente, en mitad de esa soledad permanente, nació una campanada. Como si fuera un ave fénix surgiendo de un milagro, el veril de la existencia se volvió total, una claridad absoluta que nacía del abismo. Fue un segundo tan difícil de retener en la mente como lo sería el intento de revivir la historia entera, algo ajeno y misterioso en la imaginación de lo más mundano, pero que asimilaba lo más profundo de su ser como algo perpetuo.

​Al final, después de tanto consumo interno, brotó un sentimiento arrollador que pertenecía a la misma y etérea llama de la vida. Fue allí donde la técnica de existir confluyó con los segundos, transformándose en tres noches que daban vida a un solo resplandor, una luz soberana que unía al sol y a la luna en un mismo destello. Lo maravilloso fue ver cómo confluía en un solo segundo la eternidad misma, revelando su aleatoriedad y elevando, por fin, la condena hacia la salvación extrema de todo su ser.

​El tiempo dejó de ser una cadena para ser un ala.

El hombre que habitaba el vacío se convirtió en el faro,

donde el silencio ya no era ausencia, sino el eco de un mar infinito.

Allí, donde el sol no quema y la luna no se apaga,

se grabó en sus pupilas la verdad de lo que no muere:

que somos el instante que se atreve a ser eterno.