Lo que no importa
Se queda colgando
un hilo de cotillón,
una tontería de nada,
un brillo barato en la esquina.
Y de pronto, ese plástico
se vuelve umbral.
Pesa como la miel que cae,
denso, pegajoso, absoluto.
Dura un segundo,
lo que tarda en pasar el aire,
pero en ese segundo
está la apoteosis de todo.
Lo que no importa
es lo único que importa.
Ahí está la puerta. Un brillo de nada que lo llena todo.
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