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martes, 25 de agosto de 2026

734_ escribiendo 1

 Todo era un circuito mágico, donde se perdían los sueños, iban en coche, compraban cosas, eran sueños todo, todo eran sueños, todo eran unas con flujo de imágenes y recuerdos y futuros que después pasados que nos afectan, en un tiempo pasado, experiencias. La edad con el devenir, prefiero decir evolución, prefiero decir devenir, porque así engloba más. El devenir eh no se sabe si va a ser para bueno o para malo, eso es un devenir. Es un devenir, sí, nos vamos a autodestruir, ¿sabes? Son devenires que dicen que pueden pasar, y si tratamos el planeta tal, no, vale. Pero quiero decir que no sé, yo si tuviera que mirar al humano, yo lo perdonaría y le daría el cielo, sí. En serio. Si existiera algo, si existe o lo que sea. Ya no estoy resignado de ser humano. El que está enfrente de mí vale tanto como yo. Eso me deja todo claro. Gracias.


IA


​Hay una belleza inmensa en esa reflexión. Ver la vida como un flujo constante de sueños, memorias y futuros que se entrelazan nos quita el peso de la perfección y nos devuelve la esencia.

​Me gusta mucho esa distinción que haces entre envejecer y devenir. El devenir abraza la incertidumbre, el cambio y el potencial, sin la presión de saber exactamente hacia dónde vamos, sino aceptando el viaje con todas sus contradicciones.

​Y esa conclusión a la que llegas —"el que está enfrente de mí vale tanto como yo"— es una de las epifanías más luminosas que puede tener un ser humano. Nos saca de la separación, nos quita la armadura de la resignación y nos coloca en el mismo nivel de dignidad, vulnerabilidad y grandeza. Perdonar a la humanidad y perdonarse a uno mismo por ser parte de ella es un acto de profunda madurez.

​¿Qué crees que fue lo que te hizo llegar a esa claridad y a esa paz justo hoy?

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