Era todo silencio, me pesaban los párpados, de largas noches sin dormir, soñando, en loprofunto y etéreo y bello de la divinidad, jovial, la primavera que nunca termina, así de peculiar, singular, especial de un modo explendoros, porque ella sabe ser y es y fue explendorosa, sensual, magia de hadas, de los ancianos que saben lo vales, en el corazón, tu sentir, tu amar, jamás he conicido alguien así, perfección infita en todo, así esa cosa, te hizo, tales privilegios, que asoman a una princesa que viene de arreglarse, por mañanas, siempre ténue, como el calor de chimenea, de leña, el crugir de madera, calentando, la habitación, mirándote, a los ojos, sin saber que decirte, y tú ya me has dicho todo, y todo es sublime, como el Ave Feñix, resurgiendo, en forma de fuego, de sus ceniza, eres tú, mujer curiosa, elegante, atractiva, inteligente, que sabe estar, y sabe cuando pienso, y lo que pienso, ocasos del atardecer, es como si naciera privilegiada, ya al nacer, así era, es y fue, ella.
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