No se puede intervenir en lo que otra persona decide. Cuando alguien elige un camino propio, por mucho que duela el vacío y agite la tormenta interna, el respeto a su libertad es la única respuesta coherente con el amor genuino. Querer retener a alguien contradice su esencia, sobre todo cuando admiras precisamente esa independencia radical que la define.
El dolor y el miedo ante la pérdida son inevitables, pero aceptar su autonomía demuestra que lo que senti y siguo guardando en la memoria, era auténtico. Las decisiones de los demás nos atraviesan, nos descolocan y a veces nos dejan caminando bajo la lluvia sin rumbo, pero al final, cada quien es dueño exclusivo de su rumbo.
Ahora haré unas palabras sobre ésta explicación:
Eran las cuatro y veinte de un temblor absurdo,
con el viento golpeando los cristales ciegos
y el miedo acaparando todo el pecho.
Un estruendo lejano encendía la sangre,
una adrenalina peligrosa escalando hacia el cerebro.
Estaba fuera de este mundo,
perdido en mis propios laberintos,
y en medio de la sombra solo te encontré a ti.
Salí a la intemperie a desafiar la lluvia,
con el cuerpo golpeado, soportando más ruidos,
mientras las cinco de la madrugada
dejaba las calles vacías y mudas.
Caminaba sin rumbo con el único calor
de tu recuerdo, de cuando te fuiste
dejando un vacío vertiginoso y apocalíptico
que me consumía poco a poco.
Volví a casa, me duché bajo el agua fría,
pensando si algún día volverías.
Pero es tan suya, y solo ella decide.
Nadie te dice cómo caminar,
y en ese sumo respeto radica lo que siento.
¿Se puede intervenir en lo que decides?
No. No se puede forzar el curso del viento.
Cuando alguien elige un camino propio,
por mucho que agite la tormenta interna,
el respeto a su libertad es la única respuesta.
Querer retenerte contradecía tu esencia
de mujer libre, dueña exclusiva de su rumbo.
El dolor y el miedo ante la pérdida son inevitables,
pero aceptar tu autonomía demuestra
que el amor genuino nunca encadena.
Nos dejan caminando bajo la tormenta,
nos descolocan y nos quitan el aliento,
pero al final, en el fondo de todo,
solo guardo los buenos recuerdos
de la persona más libre que he conocido.
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