Adrián resultaba interesante a las mujeres, era seductor, camelaba su forma de ser, era de buen ver, vestía de modo sujerente, etc. He de recalcar que era muy promiscuo, pero eso en los hombres a día de hoy sigue viendose como algo a su favor. Iba siempre al mismo sitio nocturno, el alcohol confundía a todos, un cóctel molotov, una mezcla explosiba, todo sugería lo mismo, baile, mujeres, hombres, todos apretujados, roces, gente morreando, etc. Elena estaba con Adrián, la había llevado allí, para lo de siempre, sexo. Pero Elena era especial en el sexo, y no se entendía con Adrián, estaban en la cama, pero da igual la palabra, el modo, sucedió lo mismo de siempre, mientras follaban, Elena para in súbito y dice
-¿¡qué, para ti soy un coñazo no!?, ¡otra más para follar!. Sus palabras en tono alto y agresivo, detuvieron otra vez más el coito.
- qué te pasa, siempre haces lo mismo, sabes lo suficiente de mí, de qué te extrañas.
- las de la discoteca, ¡te las follas a todas no!
- con algunas sí, con otras no, pero ya lo sabes, no te entiendo Elena, es con la única que me sucede ésto
-¡la única, otro coño más!. Se viste y se marcha, ni un adiós, un portazo que hace temblar la puerta.
Adrián se sentía muy atraído por ella, pero empezaba a pensar que ésto era demasiado extraño. El fin de semana siguiente, otra vez lo mismo, iban cuatro veces que interrumpian el final. Adrián, sin saber mucho cómo decírselo correctamente, para que no se sintiese ofendida.
-Elena, lo dejo, no comprendo que sucede, quizá sea culpa mía...
-Ah! qué quieres buscar otro coño, ¿no?, busca a otra, te será facil, eres pueril y me aburres, eso es lo que pasa.
-Elena, tu no eres celosa... lo sé, sino no aceptarías la primera vez, ni te irías así de fácil.
-Busca a otra, a otras, a varias, pero no me llames más.
-Elena, hablemos... Pero otro portazo que retumbó en el piso entero, Adrián estaba entre confuso, nervioso, y desesperado.
Pasaron varios meses, Elena volvió a sus rutinas, Adrían volvió a la discoteca después de trabajar, y un día sucedió. Adrián estaba en su piso, era por la tarde, llamaron a la puerta, Adrián preguntó, no había quedado con nadie, y aun faltaba mucho para salir otra noche más.
-¿Sí?, ¿quién es?
- Soy Elena.
Adrián abrió la puerta sorpredido.
- Qué haces...
-¡Callate!, ¡no digas una sola palabra!
Lo empujo para dentro del piso, lo desnudó, no le dejaba hacer nada, ella era la protagonista, dominaba toda la situación, Adrián no tenía más remedio que dejarse llevar, Elena rozaba la brusquedad, comiendole la boca mientras lo despojaba de su ropa, lo tiró en la cama, le cogió la polla con la mano, cuando la notó dura, se puso encima de el y se la metio ella misma en el coño, Adrián parecía un muñeco, ella marcaba el ritmo, ella decidía si rozarle con los pechos o no, Adrián era parecía una marioneta, era brusca, lo detuvo tres veces que Adrián ya se venía, a la cuarta, cuando ella estaba segura de su orgasmo, lo manejó mágicamente, etc. Era la primera vez que lo hacían hasta el final. Adrián no habló, realmente no sabía lo que decir, Elena se vistió.
- Qué te pasa, ¿no dices nada?. Adrián estaba enmuecido, nada, silencio
Elena, sin esperar su respuesta, fue a la ducha se y se vistió. Al llegar Adrian le pregunto casi como avergonzado.
- ¿Volverás?
- No eres mi tipo, ésta vez estuvo bien, pero no busco sexo solo, tienes tu encanto, pero lo único que sabes hacer es follar a mujeres, no me va tu rollo.
Adrián sintio algo por dentro, sintio inseguridad, vergüenza, incomodidad, como si estuviese en una situación que nunca había vivido. Elena marchó. No la volvió a ver más.
Pasaron tres años y se encontraron por la calle, Adrían experimento cierta emoción de volver a verla
- ¡Hola Elena!, pasó mucho tiempo, ¿quiéres quedar un día?, hace mucho desde aquella vez, tenemos mucho de lo que hablar. Elena miró para el con cierta cercanía y suspiró.
-Adrián, sigue follando, yo estoy comprometida desde hace dos años, ya te dije que no eras mí tipo, diviértete, pero entre tú y yo nunca hubo nada, y no me va tu rollo. Elena bajó la mirada y marchó educadamente. Adrián se quedó parado sin entender nada, aun no había comprendido lo que le había dicho, retomó el camino, pero tituveante, como perdido, no sabía ver más allá del sexo, era incapaz de sentir amor.
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